sábado, 30 de agosto de 2014

SOMOS UNO


Fotografía: Patrick Lentz https://www.flickr.com/photos/violentz/

Eran las 7 de la noche mientras lo esperaba. Allí, en el café de siempre leía “Estrategias del asador” de Álvaro Montes , las hojas secas de los arboles caían delante de mí, y anunciaban sus pasos. Estaba nervioso, si. Estaba ansioso, si. Quería verle desde hace tiempo, y tanto mi corazón como mi nariz querían acariciarlo durante toda la noche. En ese momento un baile se presento ante mi; era el perfume de él cogiendo con fuerza mis recuerdos y llevándome al primer día cuando le conocí.

Corrían las horas mientras la música sonaba en el fondo, sentía su delicioso aroma impregnar cada paso que dábamos al son del ritmo, mi respiración se agitaba cada vez más rápido. Éramos uno, en cuerpo y mente; uno bajo las estrellas; uno, bailando sin horas, uno bailando sin tiempo, uno, éramos uno. De pronto se estremeció todo a mi alrededor, sentí de nuevo el vértigo estrujar mi alma, sentí el frío arrancar mi vida. Fueron unos cuantos segundos en los que vagué sin rumbo, recorrí el sitio en el ensueño, le vi unos cuantos segundos tomándome para sí. Empero, cuando volví en mí, sentí como si el mundo estuviera conspirando en mi contra, la ruin pesadilla se avivó: no estaba allí, nunca estuvo allí.

La espera entonces se hizo eterna, el sonido de los buses se avivo, cogió fuerza y golpeaba mis oídos. “ Oiga gran hijueputa quítese de aquí”, “mamá tengo frío”, “Camila la empanada ya esta lista” “ ¿ Que , qué? , ¡si usted fue el que me cerro!” “papito ya vamos para la casa”, todos hablaban, gritaban. Sentía que las calles se convertían en un inquilinato de caos y desorden. Todo se había fracturado y mi ansiedad crecía. 8:40, mis pies se congelaban , en todas las servilletas ya había dibujado. El hombre de ruana ya se había parado de la mesa que estaba enfrente mío, y yo.. aún ahí. ¿Había podido pasar tanto tiempo imaginando y pensando en él? No podía entender como se me revolvía el ser con todo lo que sentía. Qué hermoso y satisfactorio había sido ese tiempo recorrer en recuerdos, pero bueno ya estaba otra vez en la realidad, con los pies en aquellas baldosas blanco con negro. Cuando baje mi mirada para recoger el esfero lo vi , o bueno vi una sombra, vi la silueta de su cuerpo, inconfundible, ancha y sobrecogedora. Una corriente paso por mi cuerpo antes de que subiera la cabeza , sabia que era él , que había llegado; sin embargo , cuando eleve mi cabeza para sonreírle, no estaba. Me veía yo sonriéndole a la luna y viendo como poco a poco se desdibujaba mi sonrisa. De nuevo la ilusión se quemaba y la espera de esa realidad me abrazaba.

Entonces fue, cuando, sin pensarlo dos veces salí a su búsqueda, con la gélida noche besándome las mejillas y arrullándome con su silencioso frío. Era tarde, la luna pálida que me acompañaría era simplemente oscura, escondida entre lo que parecían ser tinieblas interminables. De pronto me encontré perdido, ¿dónde estaba? Solo recordaba su sonrisa; ¿cómo le encontraría? Me preguntaba mientras mis lágrimas chocaban con el fangoso suelo. Ahora solo estoy perdido entre el follaje espeso, sin tenerle, sin su recuerdo. Sin la cálida luna abrazándome en la noche, sin la más mínima esperanza. Perdido entre un murmullo de los grillos y las sombras de la noche. Desanimado y al tiempo estupefacto grito; con toda mi fuerza grito y exijo al mundo que te traiga a mi lado, mi voz se pierde entre los árboles, el eco se burla de mi esfuerzo. Tan solo caigo como una pluma en la tinta, ya no soy nada… no soy nada.

Acostado, aplastado por la lluvia y confundido con el barro me pisan. Me pisa el viento pasando de aquí para allá sin verme, me pasa la melancolía rozándome si quiera un poco , la soledad se posa en un árbol, me mira con desdén, me escupe, luego me levanta la cara y me da un beso , la fatiga me da un masaje en la espalda, caricias que se convierten en golpes que traumatizan mi columna vertebral, ahora soy un invalido que intenta arrastrarse entre la espesura , entre las hojas secas y entre el olvido. Ni lágrimas tengo, ¿soy un fracasado, un perdedor , o un iluso? , no puedo decir ni siquiera que no soy nada, porque ni lengua tengo, el miedo me ha arrebatado la fortaleza de mis palabras, y eso que pienso ilumina mi cuerpo, se está marchitando de a pocos. Una vez más me queda la fe como último recurso. Y ahora espero que ella se ponga de pie, que me de la mano y me pare o que por el contrario con valentía me mate.

Lo logra. Me abraza, me levanta, me envuelve en su magia; vuelve en mí el deseo de encontrarle, de llenarle con mis besos; sigo mi camino, recordando el movimiento de nuestros cuerpos con su aroma paralizando mis sentidos. “Tengo que encontrarte”, repito cada vez más fuerte, mientras el eco vuelve a mis oídos por mi espalda recordándome que estoy perdido; pero ahora, sin yo mismo comprenderlo, no tengo miedo; solo tengo la ilusión de tenerte de nuevo entre mis brazos, de volver a besar tu perfume, de volver a tenerte a mi lado. Así lo haré, con la noche abrazando mi cordura y la penumbra cubriendo mis pasos; así lo haré, aunque las horas pasen y llegue de nuevo el alba, que me arrebate la esperanza y me hunda de nuevo en la desesperación.

Y aunque haya caminado tanto, aún te espero. Espero que me cojas por sorpresa, que corras detrás de mi como los susurros del viento y que me botes, que me abraces, que me tumbes, de nuevo entre las hojas secas, pero esta vez contigo. Espero que me desnudes, que me arranques la piel, que me penetres, que me hagas tuyo; espero que llames a las ninfas del bosque para que nos canten, a las quimeras para que hagan la hoguera, para que prendan el fuego y con el hablemos. Espero que te inundas de mi sudor, que navegues entre mi mirada y que juntos descubramos el gran mapa que se hace en nuestra piel. Espero que los arboles sean palos de nuestro refugio, que las piedras sean esas abuelas que nos aconsejan y nos dan cama, que el pasto sea el portador del agua cuando estemos sedientos, que tu piel sea mi única ropaje, que tu aire sea mi único aliento, y que la luna sea la única testigo de nuestro amor.

Recuerdo, entre vagos pensamientos cuando te vi por primera vez, en una cálida tarde de antaño, cuando el crepúsculo inundaba el cielo con su belleza y yo estaba, ahí frente a ti, paralizado, balbuceando sin dejar de mirarte. Tú hacías lo mismo, repetías mis gestos, me mirabas y sonreías y al hacerlo no podía contenerme, quería saltar a tus brazos, llenarte con mis caricias, recorrer tu piel y escribir en ella mi nombre y el tuyo. Pero de alguna manera me era imposible, seguíamos lejos, como atrapados entre el mimo y su cristal, separados. Iba anocheciendo y seguíamos frente a frente, sin bajar la mirada, mientras las horas danzaban entre la luna y el sol al ritmo de la más dramática melodía y el día se iba yendo, dejando a su paso estrellas en un glorioso ocaso que con cada minuto te iba acercando, de paso en paso, a mí.

Mi cuerpo al tuyo unidos por un momento, luego separados por el tiempo. Pero nuestras almas ¿Qué de ellas? Siempre unidas. ¿Acaso eso no es lo que miran los mortales? Supongo que no. Supongo que por eso sufren, supongo que solo se fijan en lo material, en lo corpóreo , en lo carnal, y aunque extrañe tu semen acobijando mi noche, tus besos acariciando mis mañanas, y tus brazos guardándome de todo mal, estoy mas tranquilo ahora. Porque sé que si elegiste volar es para nuestro bien, porque sé que mi soledad me va dar vida, que de mi vientre crecerá una creación, que me empoderare y me sentare en piedras milenarias, por eso estoy feliz. Porque sé que cuando hicimos el amor, no lo hicieron nuestro cuerpos, sino por el contrario se unieron nuestras almas.

Almas que yacen separadas siendo la misma, siendo, tú y yo, una misma vida; uno solo desde el alba hasta el ocaso. Cómo quisiera sacarte de la ilusión y tenerte entre mis brazos; que estemos frente a frente y poder recorrer tu cuerpo con mis labios erizando tu piel. Ser uno sin importar el tiempo ni el espacio, ser uno aunque jamás salgas del reflejo. Hoy, viendo de nuevo el espejo, en esta mazmorra vieja donde por fin pude sacarte de tu encierro, supliqué a Chronos que me devuelva en el tiempo para volver a tenerte a mi lado; sin embargo, me ha abandonado destrozando mis esperanzas con su hoz segadora de almas. Ya no soy nada, cada vez te haces más distante, lloro al verte llorar, jamás estaremos juntos. Y, como la mayor burla, el tiempo se detiene mientras sollozamos a la distancia, crecen narcisos en mis pies recordándome mi pecado y el cielo se vuelve furia. “¡Tengo que escapar de aquí!” –Pienso– mientras imitas mis gestos y corres, con mi prisa, en dirección contraria a la mía.


Escrito en conjunto con Igor Kronfuz como parte de #ProyectoRayar

lunes, 12 de mayo de 2014

El reflejo en el espejo

¡Si tan solo pudiera sacarte del espejo en el que con tanto esfuerzo te he retratado! Con el mismo esmero con el que te recorro a través del frío vidrio, con el que voy llenándote del calor desbordante de mi pasión. Ay si vieras como me parezco cada día más a Narciso: perdiendo el control, volviéndome impulsivo y obsesivo, si vieras que ayer descarté la absurda posibilidad de traerte a mi lado, pensé, cuando pasaba cerca al frío río y vi tu imagen al correr la corriente: "ahí está, a unos pasos de mí iré a buscarle antes de que desaparezca le tendré en mis brazos y le recorreré el cuerpo con mis besos apasionados le llenaré el alma con el calor que quema cada rincón de mi alma", corrí desesperado a ir tras de ti, pero solo huiste ¡Huiste! Corrí unos cuantos metros pero habías desaparecido, de nuevo. Ay qué será de mí sin ti a mi lado; qué será, me pregunto cuando te vuelvo a sentir en mi cama y besar mis mejillas en la penumbra, qué será de tu sombra, que aún no me abandona como lo hace a menudo tu imagen reflejada en la cristalina agua.

Estoy de nuevo, aquí, frente al espejo, tratando de sacarte dentro; te veo llorar y mis lágrimas corren por las mejillas ¡Haré lo posible por sacarte de allí, calma tus ojos! ¡Oh, qué clase de crimen he cometido para merecer este castigo! ¡Maldigo a todos los dioses si es que existen por darme este cruel destino! Si vieras como brillan mis ojos cuando en mis más dulces sueños te tengo entre mis brazos; si vieras como se irradia la penumbra cuando en medio de la noche siento tus dedos recorrer lentamente mi torso. Qué haría yo por sacarte del frío vidrio que te retiene, que haría yo por tenerte junto a mí; qué haría yo por volver aquél sueño realidad y tomarte entre mis brazos; que haría por pausarlo allí y repetirlo sin despertar de él, ay porque si ese sueño sigue mis lágrimas jamás cesarán, solo te desvaneces como el polvo entre mis brazos y me encuentro solo frente al mismo río con tu imagen corriendo a través de la corriente para perderse entre las turbias aguas, que me recuerdan con tristeza que el espejo contiene lo único que me queda de tu presencia.

Ay el mayor castigo de Morfeo al burlarse de mí, ni la mínima compasión de Cronos al hacer correr tan aprisa la noche. Mortificado en el día al sentirte entre la multitud, y al parar desorientado con la sensación del vértigo retorciéndome la vista y cegándome. Y que a punto de caer vuelva a verte abrigándome en tu seno, ¿qué tipo de crimen estoy pagando? Incluso Orfeo ha tenido la ilusión de tener a su amada de vuelta, al menos le ha recorrido con sus besos y esa ilusión vive en sus recuerdos. Pero para mi desgracia tú sigues ahí: estacionada en el espejo. Maldigo a aquél cruel espejo, por recordarme la amarga realidad que me atormenta: el cristal es el reflejo de mis sueños.

lunes, 6 de enero de 2014

La confesión de un largo sueño.


 Todo comenzó después de mitad de año del dos mil doce, de un momento a otro empecé a tener una serie de sueños bastante extraños y realistas, tanto así que me despertaba y sentía que aún estaba dentro del sueño. Fue por un lapso de tres meses, recuerdo especialmente unos cuatro o cinco sueños, porque me desperté muy agitado, y en el último no pude contener el llanto. El primero (y fue ciertamente una premonición) fue en un ambiente familiar, reconocí a toda mi familia, e incluso aquellos que no son familia de sangre, pero por lo compartido los siento como familia; estábamos allí sentados formando un círculo, todos hablaban de modo cordial y familiar, pero no recuerdo los diálogos en este momento suenan como distorsiones en mi memoria, lo cierto es que, de entre todos ellos salió una hermosa chica, con unos ojos que evocaban en mí, cada vez que del colegio volvía a la casa y miraba el cerro de Monserrate, ese eterno color donde choca la montaña con el cielo, ese hermoso color, la perfecta mezcla del verde con el azul; se acercó a mí, y me saludó, ahí comenzamos a hablar, de tantas cosas, luego de eso desperté, claramente un poco aturdido porque fue muy lúcido y podía recordar su rostro y su mirada. Y ahí comenzó la tortura, a partir de ese momento, comencé a soñarla, y soñarla, al principio ni me daba cuenta, luego después de un cierto tiempo yo ya sabía que era un sueño y que por ello -de cierta manera- podía hacer lo que quisiera. 
Entonces, aquí llegó el segundo sueño que recuerdo, eramos nosotros, ahí sin nadie a nuestro alrededor, en una habitación un tanto oscura, y la única luz eran sus diáfanos ojos, que me miraban fijamente, yo estaba cerca de ella, y no podía contenerme, quería besarla, sentía que si no lo hacía jamás me perdonaría a mí mismo así que lo hice, y fue el mejor momento, sentí sus labios unirse con los míos; vi como se cerraban sus ojos y cerré los míos, cuando los volví a abrir estaba en mi habitación sin ella, había despertado. Desde ahí, sólo esperaba que anocheciera (cada día) para acostarme y soñar con ella, había soñado tanto con ella que ya sabía yo que no saldría de mis sueños. Así que durante un lapso aún más largo seguí soñándola, y soñándola y cada vez me sentía más feliz de que llegara la noche pero me atormentaba ver que salía el sol. Comencé a aborrecer el alba, el día, cualquier luz. Odie desde entonces, la luz del día. Luego, recuerdo, muy bien este sueño; estaba de nuevo junto a ella, estábamos mirándonos fijamente de nuevo, ella sonreía mientras la luna se asomaba por una ventana y le iluminaba el rostro, le brillaban sus ojos -nunca dejaban de hacerlo- eran casi que mi referente en aquella penumbra, decidido entonces (y aún sin saber la causa) comencé a recitarle sin parar al oído, ella sonreía más y me acariciaba el rostro, yo sólo quería decirle más y más poesía, extasiarla así, luego, por una ventana comenzó a aparecer el sol, y ella se fue desvaneciendo mientras yo repetía ya en mi habitación solo las últimas palabras: "y que la luna se esconda a media noche con tu diáfana presencia". 
Ese fue un momento bastante triste, desde ahí supe que la razón de mi desdicha no podría ser otra que el día, porque él me la arrebataba en un segundo. Y así siguieron pasando los días, prestaba poca atención a todo lo que acontecía a mi alrededor, ¿para qué necesitaba algo tan mundano si lo tenía todo en un sueño? Siguieron pasando los días y las semanas, y en uno de esos tantos sueños recuerdo estar a su lado mirando al cielo lleno de estrellas, ella las señalaba y tomaba mi mano para señalar al mismo punto que ella estaba señalando, no pude resistir la tentación de verla a ella; yo no quería a las estrellas, ya la tenía a ella. Ella era la única luz que necesitaba en la oscuridad, mi única estrella para disipar las tinieblas; al volver a su rostro, me sonrío y me dio un tierno beso. En ese momento comencé a deslizar mis manos por su espalda, comencé a desnudarla lentamente, en cuestión de segundos su ropa estaba disuelta por todo el paisaje y yo tenía entre mis labios su cuerpo desnudo; fui recorriendo lentamente su cuello, su cuerpo, volvía a sus labios. Luego, después de tantos besos y caricias consumamos el acto, fuimos uno solo. Uno solo en el follaje espeso, uno solo en la densa niebla, uno solo bajo las estrellas. Cuando, después de agotar mi aliento disfrutando entre sus brazos miré su rostro, ella acaricio mis mejillas, pasó sus manos por mi cabello, me dio un beso y desapareció en el amanecer, mientras a lo lejos los gallos comenzaban a cantar y el cielo se empezaba a despejar. Desperté bastante contento y satisfecho, no sólo fue sexo -me decía en mi mente- hicimos el amor. 
Siguieron pasando los días, hasta que sucedió la tragedia, era en inicios de octubre recuerdo bien, fue la última vez que la soñé, estaba ella junto a mí, y todo el mismo círculo de familiares distanciados de nosotros, se podía notar su desaprobación. Ella tomó mi mano y emprendimos la huida hacia las sombras, bajo la luna, ella me abrazó y nos quedamos así un largo rato; no hubieron palabras, ni una mirada, todo era silencio. Yo no podía hablar, estaba paralizado, pero al menos... al menos la tenía a mi lado. Luego (como si el destino se opusiera a que estuviésemos juntos) detrás de mí una fuerza me fue arrastrando mientras la luz fue avanzando; ella se quedó ahí atrás, con lágrimas en los ojos y yo impotente, no podía volver, ese día me levanté y me hundí en llanto. No podía contener las lágrimas ni el dolor, porque algo me decía (y no me equivocaba en absoluto, luego lo comprobé) que no la volvería a ver, y que ese sueño jamás se iba a repetir, y aún peor, que esa serie de sueños había encontrado su fin, y que por nada que yo hiciese la volvería a tener a mi lado. 

viernes, 17 de mayo de 2013

Al fin del amor

Con rosas a la ventana y lágrimas a la nada,
a gritos pidiendo perdón en la madrugada;
con la amargura de ningún error haber cometido,
tan sólo por pequeñas faltas mis promesas haber incumplido.

Y en la sombra susurra su voz triste:
"mi amor ya todo lo perdiste".

Y entonces mi corazón se hunde en llanto, 
es el precio por quererte tanto;
a punto de que las lágrimas corran
mi mente me recuerda: "los hombres no lloran".

¿Cómo es posible que bajo esa ternura increíble
se encuentre malvada una actitud tan impasible?

Rendido me siento junto a tu puerta,
es imposible que nuestra relación yazca muerta,
triste y afligido espero que cambies de opinión
suavemente a tu puerta susurro: ¡Recuerda nuestra unión!

¡Pero prefiero seguir en silencio
a seguir aguantando tu desprecio!

Entonces doy media vuelta dispuesto a marcharme,
a no seguir aguantando tu  cruel indiferencia,
encontré mi camino libre, sin ninguna interferencia
excepto por tu mirada, tus ojos empezaban a extrañarme.

En ese momento su corazón dio un grito de tristeza
vociferando desde adentro: "mi vida por favor regresa".

Tu corazón está de acuerdo con tus ojos,
pero tus palabras están sedientas de venganza
yo, por mi parte me cansé de tus enojos,
y mi alma por tus labios perdió su última esperanza.

Me gritas a la distancia: "vuelve y quedará todo perdonado"
y yo te respondo entre sollozos: "¡Sí, pero nada quedará olvidado!"

Y con la calma, a prisa viene la pesadez,
porque tus palabras resuenan una y otra vez,
pero no me digno a volver, no de ésta manera
¡No sucumbiendo a tu ternura traicionera!

¡Pero te extraño demasiado y con el alma
y empiezo lentamente a perder la calma!

Entonces en un rápido suspiro regreso,
esperando a que nuestro amor siga aún ileso,
y me quedo quieto... llorando bajo tu ventana,
esperando a que termine ésta tragedia tan mundana.

Que no acaba, no termina por más que lo intento,
por más esmero, sigo viviendo éste trágico momento.

Por fin aclaro mi mente, lo entiendo al pasar de las horas,
sin embargo sigo melancólico recordando cuántas auroras,
cuántas noches, cuantas tempestades con su brillo y su estruendo,
pero pese a todo eso, ahora con tu silencio lo comprendo:

Al amor mucho tiempo le toma cautivar,
pero por más tiempo que pase, ni un error sabe perdonar.





miércoles, 15 de mayo de 2013

Neblina y Olvido

Suave, su cuerpo que tiembla
en la densa, espesa niebla
vislumbré, ahora me acuerdo
estupefacto en el frío su recuerdo.

De sus ojos: lágrimas errantes,
de sus labios, furtivos besos distantes,
sus caricias, dispersas en el viento
su corazón, sumido en sentimiento.

Fría y densa, niebla intensa
de sus besos queda zozobra
y en la sombra aún piensa.

El olvido difícil en esta obra,
el corazón de extrañar también se cansa
pero los recuerdos, de esos hay de sobra.

miércoles, 24 de abril de 2013

Noche, cada noche

Su sonrisa está impregnada en mí,
sus delicados rasgos me han desvelado cada noche,
¿cómo olvidarla así?
¿cómo olvidarla así?
¡Cómo olvidarla así!
Cada noche dulce dama,
su recuerdo vuelve a mi cama,
me embriago con su aroma,
¿cuál es su truco, qué es lo que trama?

Cada noche bella mujer
le escribo sin ceder,
se ha convertido en un deber,
hallar la forma de a usted tener.

Cada noche exquisita criatura
paso la noche en vela buscando una cura
¿para qué? ¡Para ésta locura
de la que me ha untado su dulzura!
cada noche
cada noche.

Cada noche a mi habitación llegas
en un momento mis pensamientos desordenas
¿Que no te busque es lo que esperas?
¡Yo te buscaría hasta en las arenas!

Eres una suave silueta
en la sombra disuelta
¿por qué tan contenta?
¿acaso, en mis sábanas envuelta?

¡Locura! ¡Éxtasis! ¡Amor!
no te vayas, me causarás dolor
de tu cuerpo volver a sentir el ardor
de tus labios probar de nuevo el sabor.

¿No volverás ya dulce sombra?
¿o cuál es acaso tu maniobra?
¡Quédate!, tenemos tiempo de sobra
al menos, hasta que termine la zozobra.

¿En serio te irás, mi pequeña amada?
¡Vuelve, oh vida anhelada!
¿Sólo vivirás en un recuerdo... congelada;
o sólo de la realidad alejada?

Dime, dime una palabra antes de irte,
o bien... déjame por última vez tocarte,
tus dulces besos, una vez más besarte,
tu voluptuoso cuerpo, antes de irte, volver a sentirte.

¿Nos volveremos a ver en un recuerdo?
¿Acaso un día seré tu dueño?
Respóndeme, ¡Mira que me estoy muriendo!
Y respondió, por primera vez y sin rodeos  -[Será entonces en un sueño]

jueves, 18 de abril de 2013

Romanza del recuerdo

Melancolía del ayer... sorpresa
triste del corazón que fue cobarde...
un adiós sin motivo, y que nos pesa,
cuando volver a la ilusión ya es tarde.

Y el alma dice al recordar un día:
“La culpa no fue tuya, sino mía.”

Tal vez a solas en el mismo instante
sin llanto ya que a las pupilas fluya,
dirá en la sombra la otra voz distante:
“La culpa no fue mía...sino tuya.”

Y las voces en callado giro,
se unirán en la noche en un suspiro.

Y queda en un azul de lontananza
sola una reja que un rosal enflora,
y lo que fue de dos una esperanza
ya para siempre en el dolor se llora.

Y un gemido que en llanto se disuelve
diciendo va: “La juventud no vuelve”.

Y enjugándose lágrima furtiva,
o en las manos oculta la cabeza,
vemos que como sombra pensativa
se sienta a nuestro lado la tristeza.

Y el alma llora ante esperanza trunca
lo que ya al corazón no vuelve nunca.

Entonces es el recordar la ronda
de lo pasado; la primera riña,
su dulce voz, su cabellera blonda,
y su adorable ingenuidad de niña.

Y triste siente el corazón herido
el dolor que nos deja un bien perdido.

“¿Dónde estarás...?” nos preguntamos, ¿dónde?
¿pasas entre los hombres sonreída,
o callado pesar en ti se esconde
si eres mitad acaso de otra vida?”

Lejana voz de lo que ya no existe,
cómo nos llegas desolada y triste.

“¡Siempre!”, decimos, y es la voz sincera,
juramos “¡Siempre!”, y el jurar no es vano,
y no es que el corazón cumplir no quiera,
es porque el corazón es barro humano.

El corazón ser fiel siempre ambiciona,
mas sin quererlo siempre nos traiciona,

y ¿para qué culparnos, y en la vida,
para qué disculpar promesa vana?
Se dice adiós y el corazón olvida
pero también lo olvidarán mañana,

el amor al olvido se eslabona,
y en amor, sólo es grande el que perdona.

Romanza del recuerdo
Ismael Enrique Arciniegas (1865 - 1938)
Lira de amor (antología poética colombiana)