Melancolía del ayer... sorpresa
triste del corazón que fue
cobarde...
un adiós sin motivo, y que
nos pesa,
cuando volver a la ilusión
ya es tarde.
Y el alma dice al recordar
un día:
“La culpa no fue tuya, sino
mía.”
Tal vez a solas en el mismo
instante
sin llanto ya que a las
pupilas fluya,
dirá en la sombra la otra
voz distante:
“La culpa no fue mía...sino
tuya.”
Y las voces en callado giro,
se unirán en la noche en un
suspiro.
Y queda en un azul de lontananza
sola una reja que un rosal
enflora,
y lo que fue de dos una
esperanza
ya para siempre en el dolor
se llora.
Y un gemido que en llanto se
disuelve
diciendo va: “La juventud no
vuelve”.
Y enjugándose lágrima
furtiva,
o en las manos oculta la
cabeza,
vemos que como sombra
pensativa
se sienta a nuestro lado la
tristeza.
Y el alma llora ante
esperanza trunca
lo que ya al corazón no
vuelve nunca.
Entonces es el recordar la
ronda
de lo pasado; la primera
riña,
su dulce voz, su cabellera
blonda,
y su adorable ingenuidad de
niña.
Y triste siente el corazón
herido
el dolor que nos deja un
bien perdido.
“¿Dónde estarás...?” nos
preguntamos, ¿dónde?
¿pasas entre los hombres
sonreída,
o callado pesar en ti se
esconde
si eres mitad acaso de otra
vida?”
Lejana voz de lo que ya no
existe,
cómo nos llegas desolada y
triste.
“¡Siempre!”, decimos, y es
la voz sincera,
juramos “¡Siempre!”, y el
jurar no es vano,
y no es que el corazón
cumplir no quiera,
es porque el corazón es
barro humano.
El corazón ser fiel siempre
ambiciona,
mas sin quererlo siempre nos
traiciona,
y ¿para qué culparnos, y en
la vida,
para qué disculpar promesa
vana?
Se dice adiós y el corazón
olvida
pero también lo olvidarán
mañana,
el amor al olvido se
eslabona,
y en amor, sólo es grande el que perdona.
Romanza del recuerdo
Ismael Enrique Arciniegas (1865 - 1938)
Lira de amor (antología poética colombiana)
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