sábado, 30 de agosto de 2014

SOMOS UNO


Fotografía: Patrick Lentz https://www.flickr.com/photos/violentz/

Eran las 7 de la noche mientras lo esperaba. Allí, en el café de siempre leía “Estrategias del asador” de Álvaro Montes , las hojas secas de los arboles caían delante de mí, y anunciaban sus pasos. Estaba nervioso, si. Estaba ansioso, si. Quería verle desde hace tiempo, y tanto mi corazón como mi nariz querían acariciarlo durante toda la noche. En ese momento un baile se presento ante mi; era el perfume de él cogiendo con fuerza mis recuerdos y llevándome al primer día cuando le conocí.

Corrían las horas mientras la música sonaba en el fondo, sentía su delicioso aroma impregnar cada paso que dábamos al son del ritmo, mi respiración se agitaba cada vez más rápido. Éramos uno, en cuerpo y mente; uno bajo las estrellas; uno, bailando sin horas, uno bailando sin tiempo, uno, éramos uno. De pronto se estremeció todo a mi alrededor, sentí de nuevo el vértigo estrujar mi alma, sentí el frío arrancar mi vida. Fueron unos cuantos segundos en los que vagué sin rumbo, recorrí el sitio en el ensueño, le vi unos cuantos segundos tomándome para sí. Empero, cuando volví en mí, sentí como si el mundo estuviera conspirando en mi contra, la ruin pesadilla se avivó: no estaba allí, nunca estuvo allí.

La espera entonces se hizo eterna, el sonido de los buses se avivo, cogió fuerza y golpeaba mis oídos. “ Oiga gran hijueputa quítese de aquí”, “mamá tengo frío”, “Camila la empanada ya esta lista” “ ¿ Que , qué? , ¡si usted fue el que me cerro!” “papito ya vamos para la casa”, todos hablaban, gritaban. Sentía que las calles se convertían en un inquilinato de caos y desorden. Todo se había fracturado y mi ansiedad crecía. 8:40, mis pies se congelaban , en todas las servilletas ya había dibujado. El hombre de ruana ya se había parado de la mesa que estaba enfrente mío, y yo.. aún ahí. ¿Había podido pasar tanto tiempo imaginando y pensando en él? No podía entender como se me revolvía el ser con todo lo que sentía. Qué hermoso y satisfactorio había sido ese tiempo recorrer en recuerdos, pero bueno ya estaba otra vez en la realidad, con los pies en aquellas baldosas blanco con negro. Cuando baje mi mirada para recoger el esfero lo vi , o bueno vi una sombra, vi la silueta de su cuerpo, inconfundible, ancha y sobrecogedora. Una corriente paso por mi cuerpo antes de que subiera la cabeza , sabia que era él , que había llegado; sin embargo , cuando eleve mi cabeza para sonreírle, no estaba. Me veía yo sonriéndole a la luna y viendo como poco a poco se desdibujaba mi sonrisa. De nuevo la ilusión se quemaba y la espera de esa realidad me abrazaba.

Entonces fue, cuando, sin pensarlo dos veces salí a su búsqueda, con la gélida noche besándome las mejillas y arrullándome con su silencioso frío. Era tarde, la luna pálida que me acompañaría era simplemente oscura, escondida entre lo que parecían ser tinieblas interminables. De pronto me encontré perdido, ¿dónde estaba? Solo recordaba su sonrisa; ¿cómo le encontraría? Me preguntaba mientras mis lágrimas chocaban con el fangoso suelo. Ahora solo estoy perdido entre el follaje espeso, sin tenerle, sin su recuerdo. Sin la cálida luna abrazándome en la noche, sin la más mínima esperanza. Perdido entre un murmullo de los grillos y las sombras de la noche. Desanimado y al tiempo estupefacto grito; con toda mi fuerza grito y exijo al mundo que te traiga a mi lado, mi voz se pierde entre los árboles, el eco se burla de mi esfuerzo. Tan solo caigo como una pluma en la tinta, ya no soy nada… no soy nada.

Acostado, aplastado por la lluvia y confundido con el barro me pisan. Me pisa el viento pasando de aquí para allá sin verme, me pasa la melancolía rozándome si quiera un poco , la soledad se posa en un árbol, me mira con desdén, me escupe, luego me levanta la cara y me da un beso , la fatiga me da un masaje en la espalda, caricias que se convierten en golpes que traumatizan mi columna vertebral, ahora soy un invalido que intenta arrastrarse entre la espesura , entre las hojas secas y entre el olvido. Ni lágrimas tengo, ¿soy un fracasado, un perdedor , o un iluso? , no puedo decir ni siquiera que no soy nada, porque ni lengua tengo, el miedo me ha arrebatado la fortaleza de mis palabras, y eso que pienso ilumina mi cuerpo, se está marchitando de a pocos. Una vez más me queda la fe como último recurso. Y ahora espero que ella se ponga de pie, que me de la mano y me pare o que por el contrario con valentía me mate.

Lo logra. Me abraza, me levanta, me envuelve en su magia; vuelve en mí el deseo de encontrarle, de llenarle con mis besos; sigo mi camino, recordando el movimiento de nuestros cuerpos con su aroma paralizando mis sentidos. “Tengo que encontrarte”, repito cada vez más fuerte, mientras el eco vuelve a mis oídos por mi espalda recordándome que estoy perdido; pero ahora, sin yo mismo comprenderlo, no tengo miedo; solo tengo la ilusión de tenerte de nuevo entre mis brazos, de volver a besar tu perfume, de volver a tenerte a mi lado. Así lo haré, con la noche abrazando mi cordura y la penumbra cubriendo mis pasos; así lo haré, aunque las horas pasen y llegue de nuevo el alba, que me arrebate la esperanza y me hunda de nuevo en la desesperación.

Y aunque haya caminado tanto, aún te espero. Espero que me cojas por sorpresa, que corras detrás de mi como los susurros del viento y que me botes, que me abraces, que me tumbes, de nuevo entre las hojas secas, pero esta vez contigo. Espero que me desnudes, que me arranques la piel, que me penetres, que me hagas tuyo; espero que llames a las ninfas del bosque para que nos canten, a las quimeras para que hagan la hoguera, para que prendan el fuego y con el hablemos. Espero que te inundas de mi sudor, que navegues entre mi mirada y que juntos descubramos el gran mapa que se hace en nuestra piel. Espero que los arboles sean palos de nuestro refugio, que las piedras sean esas abuelas que nos aconsejan y nos dan cama, que el pasto sea el portador del agua cuando estemos sedientos, que tu piel sea mi única ropaje, que tu aire sea mi único aliento, y que la luna sea la única testigo de nuestro amor.

Recuerdo, entre vagos pensamientos cuando te vi por primera vez, en una cálida tarde de antaño, cuando el crepúsculo inundaba el cielo con su belleza y yo estaba, ahí frente a ti, paralizado, balbuceando sin dejar de mirarte. Tú hacías lo mismo, repetías mis gestos, me mirabas y sonreías y al hacerlo no podía contenerme, quería saltar a tus brazos, llenarte con mis caricias, recorrer tu piel y escribir en ella mi nombre y el tuyo. Pero de alguna manera me era imposible, seguíamos lejos, como atrapados entre el mimo y su cristal, separados. Iba anocheciendo y seguíamos frente a frente, sin bajar la mirada, mientras las horas danzaban entre la luna y el sol al ritmo de la más dramática melodía y el día se iba yendo, dejando a su paso estrellas en un glorioso ocaso que con cada minuto te iba acercando, de paso en paso, a mí.

Mi cuerpo al tuyo unidos por un momento, luego separados por el tiempo. Pero nuestras almas ¿Qué de ellas? Siempre unidas. ¿Acaso eso no es lo que miran los mortales? Supongo que no. Supongo que por eso sufren, supongo que solo se fijan en lo material, en lo corpóreo , en lo carnal, y aunque extrañe tu semen acobijando mi noche, tus besos acariciando mis mañanas, y tus brazos guardándome de todo mal, estoy mas tranquilo ahora. Porque sé que si elegiste volar es para nuestro bien, porque sé que mi soledad me va dar vida, que de mi vientre crecerá una creación, que me empoderare y me sentare en piedras milenarias, por eso estoy feliz. Porque sé que cuando hicimos el amor, no lo hicieron nuestro cuerpos, sino por el contrario se unieron nuestras almas.

Almas que yacen separadas siendo la misma, siendo, tú y yo, una misma vida; uno solo desde el alba hasta el ocaso. Cómo quisiera sacarte de la ilusión y tenerte entre mis brazos; que estemos frente a frente y poder recorrer tu cuerpo con mis labios erizando tu piel. Ser uno sin importar el tiempo ni el espacio, ser uno aunque jamás salgas del reflejo. Hoy, viendo de nuevo el espejo, en esta mazmorra vieja donde por fin pude sacarte de tu encierro, supliqué a Chronos que me devuelva en el tiempo para volver a tenerte a mi lado; sin embargo, me ha abandonado destrozando mis esperanzas con su hoz segadora de almas. Ya no soy nada, cada vez te haces más distante, lloro al verte llorar, jamás estaremos juntos. Y, como la mayor burla, el tiempo se detiene mientras sollozamos a la distancia, crecen narcisos en mis pies recordándome mi pecado y el cielo se vuelve furia. “¡Tengo que escapar de aquí!” –Pienso– mientras imitas mis gestos y corres, con mi prisa, en dirección contraria a la mía.


Escrito en conjunto con Igor Kronfuz como parte de #ProyectoRayar