¡Si tan solo pudiera sacarte del espejo en el que con tanto esfuerzo te he retratado! Con el mismo esmero con el que te recorro a través del frío vidrio, con el que voy llenándote del calor desbordante de mi pasión. Ay si vieras como me parezco cada día más a Narciso: perdiendo el control, volviéndome impulsivo y obsesivo, si vieras que ayer descarté la absurda posibilidad de traerte a mi lado, pensé, cuando pasaba cerca al frío río y vi tu imagen al correr la corriente: "ahí está, a unos pasos de mí iré a buscarle antes de que desaparezca le tendré en mis brazos y le recorreré el cuerpo con mis besos apasionados le llenaré el alma con el calor que quema cada rincón de mi alma", corrí desesperado a ir tras de ti, pero solo huiste ¡Huiste! Corrí unos cuantos metros pero habías desaparecido, de nuevo. Ay qué será de mí sin ti a mi lado; qué será, me pregunto cuando te vuelvo a sentir en mi cama y besar mis mejillas en la penumbra, qué será de tu sombra, que aún no me abandona como lo hace a menudo tu imagen reflejada en la cristalina agua.
Estoy de nuevo, aquí, frente al espejo, tratando de sacarte dentro; te veo llorar y mis lágrimas corren por las mejillas ¡Haré lo posible por sacarte de allí, calma tus ojos! ¡Oh, qué clase de crimen he cometido para merecer este castigo! ¡Maldigo a todos los dioses si es que existen por darme este cruel destino! Si vieras como brillan mis ojos cuando en mis más dulces sueños te tengo entre mis brazos; si vieras como se irradia la penumbra cuando en medio de la noche siento tus dedos recorrer lentamente mi torso. Qué haría yo por sacarte del frío vidrio que te retiene, que haría yo por tenerte junto a mí; qué haría yo por volver aquél sueño realidad y tomarte entre mis brazos; que haría por pausarlo allí y repetirlo sin despertar de él, ay porque si ese sueño sigue mis lágrimas jamás cesarán, solo te desvaneces como el polvo entre mis brazos y me encuentro solo frente al mismo río con tu imagen corriendo a través de la corriente para perderse entre las turbias aguas, que me recuerdan con tristeza que el espejo contiene lo único que me queda de tu presencia.
Ay el mayor castigo de Morfeo al burlarse de mí, ni la mínima compasión de Cronos al hacer correr tan aprisa la noche. Mortificado en el día al sentirte entre la multitud, y al parar desorientado con la sensación del vértigo retorciéndome la vista y cegándome. Y que a punto de caer vuelva a verte abrigándome en tu seno, ¿qué tipo de crimen estoy pagando? Incluso Orfeo ha tenido la ilusión de tener a su amada de vuelta, al menos le ha recorrido con sus besos y esa ilusión vive en sus recuerdos. Pero para mi desgracia tú sigues ahí: estacionada en el espejo. Maldigo a aquél cruel espejo, por recordarme la amarga realidad que me atormenta: el cristal es el reflejo de mis sueños.