jueves, 20 de diciembre de 2012

El Árbol

La encontré después de mucho buscarla, estaba ahí, escondida en el crepúsculo, no sé por qué cada vez que pasaba por ahí el día se iba y todo se volvía oscuridad pero tan pronto salía volvía a ver el sol, ¿acaso era real ese sitio?, rodeé el árbol  lo miré por todos lados, era extraño y siniestro, al darle la vuelta completa podía sentir como pasaba el tiempo pero al mirar mi reloj el tiempo seguía exactamente igual, ¡¿Qué era?!, me preguntaba inquieto, me alejé un poco y dejé pasar el día, me senté en una roca alejada, mientras tanto ella seguía allí, tras ese árbol, cuando cayó la noche volví a ir y lo que pasó me sorprendió, al dar media vuelta al árbol sentí que salía el sol, lo cual era imposible ya que hacía menos de un minuto había anochecido, cuando terminé de dar la vuelta de nuevo era de noche, era muy extraño, pero lo más extraño era que cuando daba media vuelta al árbol a ella la veía al otro extremo y cuando regresaba al lugar inicial ella otra vez estaba al otro lado del árbol, ¿me estaría huyendo?, ¡Quién sabe!, me llama cada día, pero siempre se esconde, se esconde al otro lado de ese árbol.
Imagen sacada de internet. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Carta a la mujer de mis sueños

Realidad, 2012

Encantadora señorita:

En la mañana, después de separarme de ti;

Desde que la conocí no he dejado de pensarle ni un segundo, y aunque usted muy bien sabe que la conocí en un sueño, desde ese momento mi vida pasó de la realidad al ensueño; ahora veo la realidad muy abstracta, si usted supiera lo mucho que espero que caiga la noche para poderla ver, si tan solo supiera que me paso todo el día, esperando a verla de nuevo; aunque bien sabe que cada vez que llega la noche estamos juntos, cada mañana -lastimosamente- nos separamos. Créame que no es de mi agrado dejarla cuando tengo que volver a la realidad, no es ameno ver las lágrimas en sus ojos cada vez que nos separamos y ni se imagina cuanto le pienso, pero espero que con esto por lo menos pueda imaginar la proporción.

El mayor problema es aparte del ya mencionado, que jamás la he visto en "la realidad", no sé ni su nombre, no sé de dónde es, no sé siquiera como comenzó a aparecer en mis sueños y aunque sus palabras deleiten mi oído y yo sea -o al menos eso siento- merecedor de su cariño cada vez que me acerco a su oído a decirle lo mucho que me gusta, debe saber que me siento confundido, al verla a usted solamente en mis sueños comienzo a pensar que usted es solo un producto de mi imaginación, de mi idealismo excesivo y obsesivo; y en realidad siento como si usted hubiera llegado en el momento en el que mi mente la exigía.

En el umbral de la mañana, en la que me separo de usted me di cuenta que se cierra el portal que une nuestros mundos, porque aunque intente entrar de nuevo, no puedo, estoy en la triste realidad; sin desviarme de mi punto, quisiera decirle que aunque es de mi total agrado estar con usted, quisiera que se alejara de mí, porque bien se imaginará que no puedo esperarla sin saber si es o no real, y en realidad es tortuoso estarle esperando, y cuando no, estar mirando hacia todas las direcciones esperando encontrarle en algún punto o que el mundo tenga alguna indulgencia y me dé una señal suya. Ahora, ya cambiando un poco el tema, para su respuesta tendré que ingeniar algo con lo cual pueda pasar éste papel a el otro mundo, entonces así podré saber su reacción, perdone las molestias, discúlpeme por enamorarme de usted sin saber si era real, discúlpeme las lágrimas que le provoco cada vez que despierto, discúlpeme esta carta y disculpe el motivo, pero es lo mejor.

Atentamente, 

Su fiel soñador; el que la idealiza cada noche.

domingo, 12 de agosto de 2012

Carta de Marcel Proust a Genevive Straus

"Madame:

Amo a las mujeres misteriosas, puesto que vos sois una de ellas, y lo he dicho con frecuencia en Le banquet, en el que a menudo me habría gustado que usted se reconociese a sí misma. Pero ya no puedo seguir amándola por completo, y le diré por qué, aunque no sirva de nada, pues bien sabe usted que uno pasa el tiempo haciendo cosas inútiles o, incluso, perniciosas, sobre todo cuando se está enamorado, aunque sea poco. Cree que cuando alguien se hace demasiado accesible deja que se evaporen sus encantos, y yo creo que es verdad. Pero déjeme decirle qué sucede en su caso. Uno habitualmente la ve con veinte personas o, mejor dicho, a través de veinte personas, porque el joven es el más alejado de usted. Pero imaginemos que, después de muchos días, uno consigue verla a solas. Usted sólo dispone de cinco minutos, e incluso durante esos cinco minutos está pensando en otra cosa. Pero eso no es todo. Si alguien le habla a usted de libros, usted lo encuentra pedante; si alguien le habla de gente, a usted le parece indiscreto (si le cuentan) y curioso (si le preguntan); y si alguien le habla de usted misma, a usted le parece ridículo. Y así, uno tiene cien oportunidades de no encontrarla deliciosa, cuando de repente usted realiza algún pequeño gesto que parece indicar una leve preferencia, y uno vuelve a quedar atrapado. Pero usted no está lo bastante imbuida de esta verdad (yo no creo que esté imbuida de ninguna verdad:( que muchas concesiones deberían dársele al amor platónico. Como yo deseo obedecer sus preciosos preceptos que condenan el mal gusto, no entraré en detalles. Pero píenselo, se lo suplico. Tenga alguna indulgencia hacia el ardiente amor platónico que usted despierta, si todavía se digna creer y aprobarlo.

Su respetuosamente leal,

Marcel Proust"